El feminicidio de Dafne Zapata, una joven de 13 años que falleció durante un campamento de la Academia “militarizada” Marina Doenitz en Tamaulipas, ha puesto en evidencia la falta de supervisión y regulación en las escuelas militarizadas privadas. Este suceso ha desencadenado un debate sobre la responsabilidad de las autoridades educativas y la necesidad de revisar a fondo la supervisión en este tipo de instituciones.
Falta de regulación y respuesta oficial
La muerte de Dafne no es un caso aislado. Otros incidentes similares han salido a la luz, evidenciando patrones de abuso, impunidad y falta de personal docente capacitado en escuelas militarizadas. Ante la presión pública, la Secretaría de Educación Pública (SEP) declaró que estos planteles son irregulares y anunció la cancelación de registros, además de prohibir y ordenar el cierre definitivo de estas escuelas.
Hasta el momento, no se ha publicado un programa nacional de transición o reubicación para los alumnos afectados. Al tratarse de planteles privados, se espera que los estudiantes busquen inscribirse en otras escuelas para continuar su educación.
La raíz del problema: supervisión educativa pendiente
Patricia Vázquez del Mercado, presidenta de Mexicanos Primero, considera que el caso de las escuelas militarizadas es solo la punta del iceberg de un problema más profundo: la insuficiente supervisión de las escuelas particulares por parte de las autoridades. Destaca que la tarea de garantizar la seguridad física, psicológica y emocional de los estudiantes sigue pendiente en el sistema educativo.
Vázquez del Mercado advierte que una decisión tomada de manera generalizada, como la cancelación inmediata de todas las escuelas militarizadas, no resuelve el fondo del problema. Señala que cerrar estos planteles requiere un proceso jurídico específico y que debe garantizarse el derecho a la educación de los alumnos inscritos.
Más allá de las escuelas militarizadas: revisión integral
La experta subraya que la solución de fondo implica revisar no solo las escuelas militarizadas, sino también otras instituciones con características similares, como albergues indígenas, casas de niño indígena e internados de normales rurales. Además, enfatiza que no todas las escuelas con enfoque militarista deben ser estigmatizadas, ya que algunas familias buscan la disciplina positiva que pueden ofrecer estos modelos educativos.
Críticas a la medida de la SEP y vacíos en la transición
Paulina Amozurrutia, directora de Educación con Rumbo, califica la prohibición de la educación militarizada como una medida que no va a la raíz del problema. Considera que las autoridades debieron dar un seguimiento más puntual a las metodologías educativas y revisar los programas y contenidos pedagógicos antes de tomar una decisión abrupta.
Amozurrutia también señala que no existe un registro oficial único sobre cuántas escuelas militarizadas hay en México, lo que dificulta la planeación de la reubicación de los alumnos. Advierte que un cierre abrupto, sin considerar la matrícula y el proceso de transición, es una medida insuficiente.
Reflexión sobre la supervisión educativa en México
El caso de Dafne Zapata ha abierto un debate sobre la urgencia de fortalecer la supervisión y regulación de las escuelas privadas, especialmente aquellas con modelos disciplinarios particulares. La discusión apunta a la necesidad de un enfoque integral que garantice la seguridad y el derecho a la educación de todos los estudiantes, evitando respuestas simplistas que no aborden el trasfondo estructural.
Para más análisis sobre temas educativos y de supervisión institucional en México, consulta nuestro artículo sobre la revisión del examen de ingreso a la UNAM.






