La llegada de Claudia Sheinbaum a la Presidencia de México ha puesto en el centro del debate la pregunta clave: ¿quién destraba inversiones con el poder de la mandataria? En un país donde la coordinación institucional es esencial para el desarrollo económico, la respuesta a esta interrogante revela los retos de la administración pública y la urgencia de mecanismos eficaces para agilizar proyectos estratégicos.
El reto de coordinar inversiones en México
En el gobierno federal, la presidenta enfrenta una agenda saturada: mantener relaciones con el presidente Donald Trump, el Ejército, los gobernadores y atender necesidades específicas como la conexión eléctrica de una armadora en Aguascalientes. Esta multiplicidad de tareas genera un cuello de botella en la toma de decisiones para inversiones.
Sheinbaum ha mostrado disposición para entender los problemas empresariales, identificando obstáculos y dando instrucciones. Sin embargo, la complejidad surge cuando una inversión requiere la intervención de múltiples dependencias, como permisos ambientales, energía de la CFE, agua de la Conagua, incentivos de Economía, recursos de Hacienda, infraestructura federal y estatal, y licencias municipales.
Fragmentación de la administración pública
Las órdenes que salen de Palacio Nacional suelen fragmentarse en la administración pública. Cada secretario o director atiende su parte, pero solo la presidenta tiene el poder de resolver conflictos entre las distintas “jefas y jefes”.
Esta dispersión provoca que los proyectos de inversión se retrasen, pues la falta de una figura que coordine y transmita la fuerza presidencial deja a las dependencias actuando de forma aislada. La necesidad de un despacho que vea el proyecto completo antes de escalarlo a la presidenta sigue vigente.
Nueva estructura en la Oficina de la Presidencia
Recientemente, el gobierno publicó el nuevo Reglamento Interior de la Oficina de la Presidencia de la República. El mensaje que se percibe es que los asuntos siguen escalando hasta la presidenta, quien, como todos, solo dispone de 24 horas al día.
Sin embargo, hay avances en la arquitectura institucional. Destaca la creación de la Coordinación General de Asuntos Intergubernamentales y Participación Social. Aunque su nombre es largo, sus facultades pueden resultar útiles: debe mantener comunicación con dependencias federales, dar seguimiento a los acuerdos presidenciales y relacionarse con gobiernos estatales y municipales para garantizar la ejecución de programas y proyectos estratégicos.
- La Secretaría Técnica del Gabinete seguirá los avances físicos y financieros de proyectos prioritarios y reportará directamente a la presidenta.
- La Jefatura de la Oficina apoyará la instrumentación de estos proyectos.
- La Secretaría Particular transmitirá instrucciones y procurará que los asuntos sean atendidos por las oficinas presidenciales y las dependencias responsables.
- La Coordinación General de Asesores reunirá información económica, política y social para ayudar en la toma de decisiones.
La nueva coordinación intergubernamental busca conectar las decisiones presidenciales con gobernadores y alcaldes, facilitando la ejecución de proyectos.
¿Quién manda realmente?
El reglamento establece que las unidades de apoyo técnico de la Presidencia tienen la misma jerarquía y todas dependen directamente de Sheinbaum. Esto significa que, en teoría, ninguna tiene preeminencia sobre las demás.
En la práctica, aún falta una oficina que, más allá de celebrar “mesas de trabajo”, sea capaz de mover permisos detenidos, conseguir fechas para conexiones eléctricas o destrabar trámites municipales. Las inversiones no avanzan con presentaciones de porcentajes, sino con acciones concretas que resuelvan obstáculos administrativos.
La pregunta persiste: ¿ante quién deben responder todos? La estructura permite hacer preguntas directas a los responsables, pero parece que, al final, todo sigue dependiendo de la presidenta.
Perspectivas y desafíos para la inversión
El flujo de inversiones, especialmente en infraestructura energética, depende de que la nueva estructura funcione más allá del papel. La coordinación efectiva entre dependencias y la capacidad de destrabar proyectos serán determinantes para el desarrollo económico.
Para entender cómo la toma de decisiones en el ámbito federal puede impactar el entorno económico, es útil revisar casos internacionales como el de la contratación privada en EE.UU. o los retos regulatorios que enfrentan otros países. Estos ejemplos muestran la importancia de contar con mecanismos ágiles y coordinados.
El desafío de destrabar inversiones en México sigue abierto. La expectativa es que la administración de Sheinbaum logre que las nuevas estructuras trasciendan el papel y se traduzcan en resultados tangibles para el país.







