La presencia de niños de solo 12 años portando armas de guerra y siendo utilizados como sicarios por bandas delictivas en el Callao representa una problemática alarmante que pone en evidencia las limitaciones del marco legal peruano para enfrentar la criminalidad juvenil en su máxima expresión.
Contexto de la violencia juvenil y el recrudecimiento del crimen organizado
En el principal puerto del Perú, el Callao, se ha registrado una transformación drástica en la composición de las organizaciones criminales. La edad de los sicarios reclutados ha caído a niveles inéditos, con casos documentados de menores de solo 12 años involucrados en delitos graves, incluyendo asesinatos por encargo y extorsiones.
Según informó el general Ricardo Espinoza, jefe de la Región Policial Callao, estas situaciones son calificadas como alarmantes por las autoridades. La presencia de armas de guerra en manos de menores y su participación en hechos violentos reflejan un fenómeno que crece en el contexto del crimen urbano en Perú.
Impunidad y limitaciones legales para procesar a menores de edad
El marco legal peruano y su impacto en la lucha contra la delincuencia juvenil
Una de las principales dificultades para enfrentar esta problemática radica en la legislación vigente. La ley peruana establece que los menores de 14 años no pueden ser procesados penalmente ni internados en centros de rehabilitación, debido a una interpretación garantista que busca proteger sus derechos.
El general Espinoza explicó que, tras decisiones del Tribunal Constitucional, un niño de 12 años que comete delitos graves debe ser entregado a sus padres, sin posibilidad de internamiento en centros como Maranguita. Esto favorece que los menores vuelvan rápidamente a las calles y sean reclutados nuevamente por las bandas.
Propuestas de reforma y desafíos futuros
La policía ha planteado modificar el umbral de internamiento preventivo, sugiriendo que menores de 13 años puedan ser sometidos a medidas de protección en casos extremos. Sin embargo, mientras no se reforme la norma, los menores que portan armas de guerra y participan en delitos graves seguirán fuera del alcance de las sanciones penales, facilitando su uso por parte de las organizaciones criminales.
El impacto en la seguridad y la necesidad de acciones concretas
La utilización de menores de 12 y 16 años como sicarios en el Callao ha tenido consecuencias directas en la seguridad ciudadana. En los últimos meses, se han registrado ataques violentos, incluyendo el caso de un adolescente de 16 años, conocido como “Fighter”, que hirió a un conductor y cobrador de una combi en plena vía pública.
Este hecho fue posible gracias a la vigilancia constante y a la rápida reacción policial, que logró detener al menor responsable. Sin embargo, la raíz del problema sigue siendo la falta de un marco legal que permita sancionar y rehabilitar a estos menores en situaciones extremas.
La realidad del Callao refleja una crisis que requiere no solo de mayor presencia policial, sino también de reformas profundas en la legislación y en las políticas sociales para prevenir la incorporación de niños en actividades delictivas. La lucha contra el crimen organizado en su forma más violenta no puede dejar fuera a los menores, cuya protección debe ir acompañada de acciones efectivas y responsables.
Solo así será posible detener la escalada de violencia y proteger a la infancia de un destino marcado por la violencia y la impunidad.







