La crisis humanitaria en Sudán es hoy la más grave del planeta. La magnitud del conflicto armado, las masacres, los desplazamientos masivos y el colapso casi total del Estado han empujado a más de 11 millones de personas a huir dentro del propio país. Imágenes satelitales muestran vehículos militares, campos destruidos y barrios arrasados, evidencia de una guerra brutal que se mantiene fuera del radar mediático global.
De acuerdo con Naciones Unidas, unos 24.6 millones de sudaneses enfrentan hambre severa; mujeres y niñas sufren violencia sexual sistemática, y cientos de miles corren riesgo de morir por inanición, ataques o enfermedades evitables. Aun así, la cobertura internacional es mínima y el conflicto se ha convertido, en la práctica, en una guerra olvidada.
Este es el panorama completo de la guerra en Sudán: sus orígenes, actores, intereses económicos y el costo humano de un conflicto que el mundo ha decidido ignorar.
1. El origen de la crisis: décadas de dictadura y guerra interna
La crisis humanitaria en Sudán no empezó en 2023. El país ha vivido una cadena de dictaduras, golpes militares y conflictos étnicos durante más de tres décadas. Cada etapa fue acumulando violencia, odio y destrucción institucional.
1989–2019: la era de Omar al-Bashir
En 1989, el militar Omar al-Bashir tomó el poder mediante un golpe de Estado. Su régimen se sostuvo en la represión, el control militar y la instrumentalización de las divisiones étnicas y religiosas. Durante su mandato se registraron:
- Limpiezas étnicas y persecución masiva
- Represión política sistemática
- Hambrunas provocadas por la guerra y el abandono
- Desplazamientos masivos de comunidades rurales
2003: el genocidio de Darfur
En 2003 estalló la guerra en Darfur, una región clave del oeste de Sudán. La Corte Penal Internacional y organismos de derechos humanos documentaron cientos de miles de asesinatos, además de violaciones masivas, incendios de aldeas y ejecuciones sistemáticas.
Los principales responsables fueron:
- El ejército sudanés
- La milicia Janjaweed, precursora de las actuales Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR)
Darfur se convirtió en el primer gran aviso de lo que hoy se vive a nivel nacional: un país roto por estructuras paramilitares y una impunidad casi absoluta.
2. 2019: caída de al-Bashir y esperanza truncada
En 2019, tras meses de protestas masivas y presión social, Omar al-Bashir fue derrocado. Por primera vez en años, parecía abrirse una ruta hacia un gobierno civil y una transición democrática.
Se creó el Consejo Soberano de Transición, integrado por:
- Militares del ejército tradicional, liderados por Abdel Fattah al-Burhan
- Comandantes de la milicia, agrupados en las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), encabezadas por Mohamed Hamdan Dagalo “Hemedti”
- Representantes civiles, con el primer ministro Abdalla Hamdok como figura clave
Sin embargo, esta alianza era frágil, oportunista y profundamente desigual. Los militares nunca renunciaron al poder real, y las FAR aprovecharon la transición para consolidar su fuerza económica y territorial.
3. 2021: nuevo golpe militar y fin de la transición
En 2021, el ejército y las FAR dieron un nuevo golpe de Estado y derrocaron al gobierno civil. Al-Burhan quedó como líder de facto del país, mientras que Hemedti ganó aún más poder político y control económico.
El conflicto entre ambos era inevitable. La decisión de integrar formalmente a las FAR dentro del ejército, como parte de una reforma de seguridad, detonó la disputa abierta por el control del Estado, de los recursos y de las armas.
4. 2023: estalla la guerra entre el Ejército y las FAR
El 15 de abril de 2023, estallaron combates en Jartum, la capital. Explosiones, tiroteos y ataques aéreos marcaron el inicio de una guerra abierta.
Ejército de Sudán (SAF)
- Líder: Abdel Fattah al-Burhan
- Controla instituciones militares formales, aviación y Puerto Sudán
- Busca mantener el poder estatal y la estructura tradicional del ejército
Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR)
- Líder: Mohamed Hamdan Dagalo “Hemedti”
- Milicia paramilitar con historial de violaciones graves de derechos humanos
- Controla minas de oro, rutas comerciales y redes de contrabando
- Obtiene financiamiento externo a través de oro y servicios de mercenarios
Ambas facciones se acusan mutuamente de haber iniciado el conflicto. Lo cierto es que la población civil quedó atrapada entre dos aparatos armados sin ningún interés real en protegerla.
5. La masacre de El-Fasher: punto crítico de la guerra
A finales de 2025, las FAR tomaron el control de El-Fasher, ciudad estratégica en Darfur. Su caída significó:
- La ruptura del frente militar del ejército en la región
- El dominio casi total de las FAR sobre Darfur
- Masacres masivas con miles de civiles asesinados en pocos días, según reportes de la ONU y la Unión Europea
- Violaciones, ejecuciones sumarias y desplazamientos forzados a gran escala
La batalla por El-Fasher simboliza la brutalidad extrema de la guerra en Sudán: ataques a hospitales, saqueo de campamentos de desplazados y uso deliberado del hambre como arma.
6. La guerra del oro: intereses extranjeros en Sudán
El conflicto no es solamente político o militar: también es una guerra por el oro. El control de las minas y las rutas de exportación se ha convertido en una fuente clave de financiamiento para las FAR y otros actores.
Hemedti construyó su poder a partir de:
- Control de minas de oro en Darfur y otras regiones
- Rutas de contrabando hacia países vecinos
- Empresas de seguridad privada y redes de mercenarios
Países involucrados indirectamente
Emiratos Árabes Unidos ha sido señalado por organizaciones de investigación como uno de los principales destinos del oro sudanés y presunto financiador de las FAR, a través de empresas intermediarias y contratos opacos.
Rusia, por su parte, ha buscado influencia en Puerto Sudán y acceso estratégico al Mar Rojo, lo que añade un componente geopolítico a la guerra, en un país donde ya operaban compañías militares privadas vinculadas a Moscú.
La combinación de recursos naturales, mercenarios y rivalidades geopolíticas alimenta un conflicto que no se sostiene solo por intereses internos.
7. Consecuencias humanitarias catastróficas
La crisis humanitaria en Sudán ha alcanzado niveles extremos. Los datos de agencias humanitarias muestran un colapso casi total de las condiciones de vida.
- 11 millones de desplazados internos, muchos viviendo en campamentos improvisados o a la intemperie.
- 24.6 millones de personas en situación de hambre severa y emergencia alimentaria.
- Violencia sexual sistemática contra mujeres y niñas, utilizada como arma de guerra.
- Más del 70 % del sistema de salud fuera de funcionamiento por ataques, saqueos o falta de insumos.
- Barrios enteros de Jartum y regiones de Darfur yacen destruidos o vacíos.
La combinación de guerra, hambre, desplazamiento y violencia sexual hace de Sudán una de las emergencias más complejas y peligrosas del planeta.
8. ¿Qué está haciendo la comunidad internacional?
La respuesta internacional ha sido limitada y, según diversas ONG, claramente insuficiente.
ONU y Unión Europea han emitido condenas, exigido alto al fuego y pedido el establecimiento de corredores humanitarios. Sin embargo, sobre el terreno:
- No se han desplegado fuerzas internacionales de protección eficaces.
- Las misiones humanitarias enfrentan bloqueos, ataques y falta de garantías.
- Las sanciones y presiones diplomáticas no han frenado a los actores armados.
Estados Unidos y otros países han promovido negociaciones y acuerdos de alto al fuego, pero estos se rompen una y otra vez. En la práctica, Sudán sigue hundiéndose mientras la comunidad internacional mira hacia otro lado.
Para entender mejor el papel de la ONU en otras emergencias, puedes revisar nuestra cobertura en la sección Mundo, donde analizamos también conflictos en Ucrania, Gaza y otras regiones en guerra.
9. ¿Por qué casi nadie habla de Sudán?
La pregunta es inevitable: si la crisis humanitaria en Sudán es la peor del mundo, ¿por qué no está en las portadas todos los días?
Algunas razones:
- Bajo valor geopolítico para Occidente en comparación con otros escenarios como Ucrania o Medio Oriente.
- Presencia de milicias y grupos irregulares, que dificultan alianzas claras o narrativas simplificadas de “buenos” y “malos”.
- Baja cobertura mediática: pocos periodistas extranjeros logran entrar, la información es fragmentaria y muchas masacres quedan sin documentar.
Sudán se ha convertido en la crisis olvidada del mundo: una guerra con muchas manos, mucho dolor y casi ninguna cámara apuntando de forma constante.
10. Conclusión: una guerra con muchas manos y pocas soluciones
Lo que hoy ocurre en Sudán es la suma de varios conflictos a la vez:
- Una lucha interna por el poder entre el ejército y una milicia paramilitar.
- Una guerra económica por el control del oro y las rutas comerciales.
- Una crisis étnica y territorial heredada de décadas de violencia en Darfur y otras regiones.
- Una emergencia humanitaria que ha puesto a millones al borde del colapso.
Mientras tanto, millones de sudaneses siguen atrapados entre dos ejércitos, sin comida suficiente, sin agua potable, sin atención médica y, sobre todo, sin una protección internacional real.
El conflicto está lejos de terminar. Y el silencio global, si continúa, será también parte de la responsabilidad histórica.
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