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Hay una cifra del Paquete Económico 2027 que no aparece en los titulares y que explica mejor que ninguna otra por qué el gasto público rinde cada vez menos: de cada peso que el gobierno va a ingresar el próximo año, cerca de 17 centavos y medio se van a pagar intereses de deuda.

No es una interpretación. Es una división. Los ingresos presupuestarios proyectados para 2027 son de 9.16 billones de pesos. El costo financiero de la deuda alcanzará 4 por ciento del PIB, alrededor de 1.6 billones. La proporción da 17.5 por ciento.

Ese dinero no compra nada. No es un hospital mal construido ni una carretera cara: es el precio de haber gastado antes. Y es la partida que crece sin que nadie la vote.

La deuda que paga la deuda

Para 2027 el gobierno contratará hasta 1.7 billones de pesos de endeudamiento neto interno. Con eso la deuda pública llegará a 21.6 billones, el 55 por ciento del PIB. Al cierre de 2018 esa medida estaba en 47.3 por ciento; en 2024, en 52.6. La trayectoria oficial la lleva a 56.5 por ciento hacia 2032.

Conviene ser exacto, porque circula mucho dato inflado: la deuda no se duplicó en proporción a la economía. Subió 7.7 puntos del PIB en nueve años, de forma continua y sin corrección a la vista. Eso ya es suficientemente grave sin necesidad de exagerarlo.

El problema de fondo es aritmético. El costo financiero (4 por ciento del PIB) es hoy mayor que el endeudamiento nuevo que se va a contratar (3.9 por ciento). Dicho de otro modo: el país ya está pidiendo prestado, en buena medida, para cubrir el costo de lo que debe. Cuando esa relación se invierte y se sostiene, el margen para decidir en qué se gasta se estrecha cada año, gobierne quien gobierne.

A eso se suma el precio del dinero. Banxico mantiene su tasa en 6.50 por ciento y pospuso hasta 2027 la meta de inflación de 3 por ciento. Mientras la tasa siga en ese nivel, cada peso refinanciado se renueva caro. El costo financiero no depende solo de cuánto se debe: depende de a qué tasa se renueva.

Dónde se nota en la vida de una persona

El gasto neto total propuesto es de 10.51 billones de pesos frente a ingresos de 9.16 billones. La brecha —alrededor de 1.35 billones— es el déficit, y se cubre con deuda. Dentro de lo que sí se ejerce, las prioridades están a la vista:

  • Nuevos trenes: 150 mil 875.6 millones de pesos.
  • Obras hidráulicas de Conagua: 22 mil 761.9 millones.
  • Pemex: 527 mil 122 millones de gasto programable, más 81 mil 100 millones de transferencia federal para amortizaciones y créditos bancarios.

Casi siete pesos a trenes por cada peso a infraestructura de agua. Es una decisión legítima de un gobierno electo, pero es una decisión, no una fatalidad presupuestal. Y se toma en un país donde el desabasto y la calidad del agua son un problema de salud pública documentado.

El ingreso récord y quién lo va a poner

Hacienda proyecta una recaudación equivalente a 15.9 por ciento del PIB, la más alta registrada, y lo hace sin crear impuestos nuevos. Es importante entender qué significa esa frase, porque suele leerse como una buena noticia.

Si no hay contribuciones nuevas y la meta sube, la recaudación adicional solo puede salir de tres lugares: crecimiento económico —que el propio paquete proyecta modesto—, ampliación del padrón, o mayor presión sobre quienes ya están registrados. En la práctica, el peso recae sobre el tercero: el contribuyente cautivo, el asalariado con retención automática, la pequeña empresa que sí factura.

Es la misma lógica que opera en la vida cotidiana del dinero del trabajador. Como explicamos al revisar la exención de ISR del aguinaldo, hay topes que no se han movido en años mientras los precios sí: la protección se erosiona sola, sin que nadie apruebe nada. Y con la inflación en 3.26 por ciento en agosto, ese desfase se siente antes en el salario que en las cuentas nacionales.

Lo que el ciudadano puede exigir que se discuta

El Paquete Económico se aprueba en las próximas semanas en la Cámara de Diputados. Es el único momento del año en que el reparto se puede modificar. Tres preguntas que merecen respuesta antes del voto:

  • ¿Cuál es el plan para que el costo financiero deje de crecer? No basta con decir que la deuda es sostenible: hay que decir en qué año deja de subir como proporción del PIB, y qué pasa si la tasa no baja.
  • ¿Con qué criterio se decidió siete a uno entre trenes y agua? ¿Hay un análisis de retorno social publicado, o es una prioridad política sin sustento técnico a la vista?
  • ¿Cómo se va a ampliar el padrón en lugar de exprimir al mismo contribuyente? Porque “recaudación récord sin impuestos nuevos” solo es una buena noticia si el número de quienes pagan crece.

Un presupuesto no es un documento contable. Es la declaración más honesta que hace un gobierno sobre a quién le sirve. Vale la pena leerlo con esa clave —y revisamos el desglose completo de ingresos y déficit en este análisis del paquete.

Cifras del Paquete Económico 2027 entregado a la Cámara de Diputados por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. La deuda se mide por el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público. El porcentaje de ingresos destinado al costo financiero es un cálculo propio sobre las cifras oficiales de ingresos presupuestarios.

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