México enfrenta el reto de aprovechar sus activos intangibles para impulsar el financiamiento empresarial. Aunque cuenta con legislación y registro sólidos, falta regulación y productos financieros que permitan capitalizar este potencial.
No es un problema de valores sino de incentivos: una transacción donde ambas partes creen ganar y el costo lo paga un tercero que no está presente.



