La península de Yucatán concentra miles de cenotes, y la experiencia cambia por completo de uno a otro. Esta es la diferencia entre ellos y lo que conviene saber antes de meterse al agua.

Un cenote es un derrumbe en la roca caliza que deja al descubierto el agua subterránea. La península de Yucatán carece prácticamente de ríos superficiales: toda su agua dulce corre por debajo, en uno de los sistemas de cuevas inundadas más extensos del planeta. Para los mayas eran entradas al inframundo y, en términos prácticos, la única fuente de agua potable.

Los cuatro tipos, y por qué importa la diferencia

Cenotes abiertos. El techo se derrumbó por completo y quedaron como lagunas a cielo abierto. Son los más luminosos y los más fotografiados.

Semiabiertos. Conservan parte del techo. Ofrecen la combinación de luz filtrada y formaciones rocosas visibles.

De caverna. Se accede por una abertura pequeña y el cuerpo de agua queda bajo la bóveda. Son los más frescos y los de agua más quieta.

Antiguos o de gruta. Prácticamente cerrados, con acceso por escalera. Requieren iluminación artificial.

Cómo elegir

Para quien va con niños pequeños, los cenotes abiertos con orilla poco profunda y áreas delimitadas son la opción sensata. Para quien busca fotografía, los semiabiertos a media mañana dan la luz más espectacular, cuando el sol entra en ángulo por la abertura.

Para nadar tranquilo, los de caverna suelen tener mucha menos gente, sobre todo si se llega temprano. Y quien practique buceo encontrará en los sistemas conectados de la zona algunos de los recorridos subacuáticos más reconocidos del mundo, siempre con certificación específica de cueva.

Qué llevar

Traje de baño, toalla, agua y zapatos que puedan mojarse: muchas escaleras y plataformas son de madera o roca húmeda. Efectivo, porque una parte de los cenotes son administrados por comunidades o ejidos y no siempre aceptan tarjeta. Y una bolsa estanca si se lleva teléfono.

La regla que no es opcional: nada de bloqueador

Casi todos los cenotes prohíben el bloqueador solar, el bronceador y los repelentes convencionales, y no es un capricho administrativo. El agua de los cenotes es agua subterránea conectada: lo que entra en uno viaja por el sistema. Los filtros químicos de los protectores solares no se degradan y afectan directamente a la fauna de las cuevas.

La mayoría de los sitios ofrece regaderas a la entrada para enjuagarse antes de bajar, y varios venden protector biodegradable. Aplicarlo con antelación y ducharse antes de entrar es la práctica correcta.

Cuándo ir

Los cenotes son de las pocas atracciones de la región que no dependen de la temporada: el agua se mantiene entre 24 y 25 grados durante todo el año y no le afecta el sargazo, que es un fenómeno marino.

Lo que sí cambia es la afluencia. Entre las diez de la mañana y las dos de la tarde llegan los grupos organizados; abrir la puerta a primera hora o ir a última cambia radicalmente la experiencia.

Y una advertencia sensata: la profundidad de un cenote rara vez se aprecia desde la orilla. Muchos superan los treinta metros. El chaleco salvavidas suele ser obligatorio precisamente por eso.

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