La vivienda en México enfrenta un desafío creciente: responder a las necesidades de una población que envejece. La oferta habitacional debe adaptarse para que los adultos mayores puedan conservar su independencia y acceder a servicios especializados, una tendencia que se refleja en el aumento de la población mayor y en la transformación de las familias.

El cambio demográfico y sus implicaciones

Durante años, el enfoque principal del sector vivienda estuvo en facilitar el acceso a una primera casa para familias jóvenes. Sin embargo, el panorama ha cambiado. De acuerdo con estimaciones del Consejo Nacional de Población (Conapo), en 2025 el segmento de adultos mayores alcanzó 17.1 millones de personas, lo que representa 12.8% de la población. Para 2070, se proyecta que uno de cada tres mexicanos tendrá 60 años o más.

Este giro demográfico obliga a repensar cómo se construyen y adaptan las viviendas, ya que las necesidades de los adultos mayores difieren de las de las familias jóvenes. El mercado inmobiliario, sin embargo, sigue enfocado en gran medida en los compradores de un primer hogar.

Transformación de la estructura familiar

La estructura familiar mexicana también está en plena transformación. Según el Conapo, la tasa global de fecundidad es de 1.6 hijos por mujer, lo que anticipa hogares más pequeños y reduce la posibilidad de que los adultos mayores dependan del cuidado de sus descendientes.

Sergio Mendoza, directivo de la desarrolladora ENSō, señala que aún persiste la idea de que las personas mayores vivirán con algún hijo o permanecerán en su vivienda actual. Sin embargo, advierte que estas opciones pueden ser insuficientes, ya que muchas casas no están diseñadas para recibir a un adulto mayor y los espacios son cada vez más reducidos.

  • Menos hijos por familia implica menos cuidadores potenciales.
  • Las viviendas actuales no siempre consideran las necesidades de movilidad o asistencia.
  • El modelo tradicional de cuidado familiar se vuelve menos viable.

La búsqueda de autonomía en la vejez

El principal cambio, según Mendoza, es que los adultos mayores desean mantener su autosuficiencia el mayor tiempo posible. Esto implica no depender de vivir con un hijo o de la asistencia permanente de una enfermera, sino conservar movilidad física, capacidad cognitiva y comodidad.

En este contexto, ENSō desarrolla un complejo residencial en Rosarito, Baja California, con departamentos adaptados para personas con movilidad reducida e infraestructura para asistencia cuando sea necesaria. El proyecto contempla servicios como transporte, restaurante, lavandería, limpieza y una clínica de longevidad.

La intención es replicar este modelo en Cancún y San Miguel de Allende. Mendoza considera que esta transformación del mercado apenas comienza y que más desarrolladores se sumarán a la tendencia de crear soluciones habitacionales para adultos mayores.

Perspectivas y retos para el sector vivienda

El envejecimiento de la población mexicana plantea preguntas clave sobre el futuro de la vivienda. ¿Cómo deben adaptarse los desarrolladores y las políticas públicas para atender a este segmento creciente? ¿Qué modelos serán sostenibles ante familias más pequeñas y una mayor expectativa de vida independiente?

La discusión sobre vivienda en México ya no puede centrarse únicamente en los jóvenes. El reto es construir hogares que permitan a los adultos mayores vivir con dignidad, autonomía y acceso a servicios, en un entorno que responda a los cambios demográficos y sociales.

Para entender cómo las decisiones económicas y sociales afectan la vida cotidiana en el país, consulta también Déficit externo en México: impacto de la demanda interna y el comercio.

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