Setecientos dólares. Eso fue todo lo que necesitaron tres adolescentes de Phoenix, Arizona, para entrar al negocio de abastecer de armas a los cárteles mexicanos. Lo juntaron vendiendo botanas y trabajando en un restaurante. Con ese dinero, el único de ellos que ya tenía 18 años compró un rifle tipo Kalashnikov en una tienda con licencia. Lo revendieron en 1,200 dólares y reinvirtieron la ganancia.
La historia forma parte de una investigación de The New York Times, publicada el 3 de octubre por la periodista Paulina Villegas, que documenta cómo estudiantes de preparatoria de Estados Unidos se convirtieron en un eslabón del tráfico de armas hacia México.
El modelo de negocio
- Proveedores: cuatro jóvenes de 16 a 19 años, alumnos o exalumnos de preparatorias del oeste de Phoenix, con identidades verificadas por el diario.
- Clientes: casi exclusivamente operadores de cárteles mexicanos radicados en Estados Unidos. Uno de ellos, JM, reconoce que buena parte de lo que vende llega al Cártel de Sinaloa.
- Alcance: JM asegura tener contacto con decenas de estudiantes en al menos 20 preparatorias de la ciudad.
- Canal de venta: chats de WhatsApp, Telegram y Signal que se crean y se eliminan constantemente.
- Ganancia: uno de ellos, apodado El Flaco, de 18 años, dijo ganar entre 4 mil y 5 mil dólares en un mes malo. Se compró un bulldog francés de 5 mil dólares y regaló un ramo de rosas de mil.
El costo de entrada es bajo porque la ley lo permite: en Arizona, la venta de armas entre particulares no exige revisión de antecedentes. Lo que en México sería un delito grave, del otro lado de la frontera arranca como una compraventa legal.
Quién paga la cuenta
El margen se queda en Phoenix; el costo se paga en México. Según la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de Estados Unidos (GAO), cerca de 70% de las armas aseguradas en México y rastreadas entre 2014 y 2018 tenía origen estadounidense. Cuando el Estado mexicano intentó cobrarle esa factura a la industria, la Suprema Corte de Estados Unidos desechó su demanda por unanimidad en junio de 2025.
Para los ciudadanos mexicanos, el resultado es concreto: más gasto público en seguridad, más militarización y una violencia que se financia con armas que, del lado donde se venden, apenas cuestan unos cientos de dólares.
«Para los jóvenes, tristemente, es una oportunidad de ganar dinero rápido», reconoció al diario A.J. Gibes, agente especial a cargo de la división Phoenix de la ATF. La pregunta incómoda es por qué ese dinero sigue siendo tan fácil de ganar.










